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Antonio Meirás Núñez

julio 14, 2017

Han pasado diez años desde entonces. Diez. He intentado escribir sobre mi padre muchas veces. Todo borradores que quedan inacabados, incompletos. ¿Cómo hablar de quien no está?. Mirar sus fotos, verle en los vídeos. ¿Sabéis una cosa? Salía poco, en fotos y en vídeos. Casi siempre estaba detrás de esa videocámara que trajo de Oriente Medio, nunca era el protagonista.

Dicen que idealizamos a los que no están. Que a día de hoy habríamos discutido muchas veces, quizá muy en serio. Pero precisamente quiero recordar a mi padre como quiero, con “la mirada clara y lejos”. Por ejemplo, como en esta fotografía del verano de 2006, antes de serle diagnosticado el cáncer de pulmón que se lo llevó.

papá.jpg

Encierra tanto esta imagen. Es el recuerdo de 20 veranos juntos. Es en lo más alto, entre Redondela y Vigo, allí donde él se encontraba tan a gusto. Haciendo excursiones, limpiando y arreglando Monterraso, enseñando a andar en bicicleta a tantos, descansando y cogiendo fuerzas. Aún recuerdo con orgullo coger el teléfono fijo y escuchar la voz de su compañero al otro lado de la línea diciendo “¿Podría hablar con el capitán Meirás?” ¡En plenas vacaciones! Aún no estaban los móviles tan operativos como ahora, y el deber llamaba (literalmente) a tu casa. Entonces se escuchaba aquel grito típico en Monterraso: “Papaaa, al teléfono”. Y se oía, en la lejanía, un “Vooy”. Y aparecía, con sus vaqueros rotos – “cómo los que lleva el Beckham ese ahora, pero rotos de verdad, no comprados ya rotos”, decía- , el polo sucio y secándose el sudor con un pañuelo. Cogía el teléfono, se ponía serio, hablaba y después de colgar, le preguntaba “¿Te tienes que ir al trabajo?”. Algunas veces sí tuvo que hacerlo, la mayoría  no.

Acostumbrados a verle de civil, pantalón, jersey y camisa (eran los años duros en los que E.T.A. asesinaba a militares y guardias civiles, en Madrid), era raro verte con su uniforme. Recuerdo un día que tuvo una reunión fuera de su destino, y tuvo que ir con un traje de chaqueta. Estábamos ya en Madrid y al llegar a casa y verle tan arreglado y formal corrí a darle un abrazo y dije “Mamá, mamá, mira, como el Presidente del Gobierno”. Él se rió con la ocurrencia, aunque luego mi madre, muy seria, dijo que era algo común que los hombres llevaran traje, y no era algo “especial”.

Por él me preocupé muchas veces por el tema del terrorismo. Mi primer conocimiento cercano de esa gentuza despreciable fue en aquellas 48 horas del secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, hace 20 años. Recuerdo la angustia en todo Ferrol, con la radio en el Montón, todos escuchando las novedades hasta el fatídico final. Recuerdo la manifestación con mis padres, en la plaza de Armas de Ferrol, las manos en alto, los gritos, “terroristas hijos de puta” y mi madre reprendiéndome:  + “No digas palabrotas Antonio”. – “¡Pero lo son!”- “Sí, pero no se dice”. En esos casos, papá sonreía. Casi nunca era mal hablado, solo a veces.

Un mes y medio después estábamos camino de Madrid. No volví a pensar en ese tema, todo el mundo se creyó la tregua-trampa que siguió a la oleada masiva de condena en toda España. Hasta que E.T.A. volvió a golpear, en  Madrid, matando al lado de casa, al padre de mis amigos, a un militar. Aquí podéis leer esa historia.

Todo cambió de golpe, y viví pensando mucho tiempo que papá era un objetivo. Después vino el 11-M, y el tren que cogía todos los días había pasado minutos antes por el lugar que luego saltó por los aires. La providencia, dicen. Otra manifestación juntos ese 2004, y una conciencia política que iba creciendo. Ya había conseguido que me interesara por la historia con libros, con láminas, y me apasionaba leer los reportajes sobre la II Guerra Mundial en el National Geographic. Me recomendó libros, nos regalamos libros, los comentamos. Me enseñó canciones de esas que “a mamá no le gustan”, y buena parte de los valores que creo tener los aprendí de él. Con él escuchaba la radio, y participé en todas las manifestaciones contra la negociación con terroristas. Esa imagen también se ha quedado grabada. Lloviendo en la calle Serrano en Madrid, con cientos de miles de personas, protestando, y ahí estaba él, en la manifestación pero enganchado a la radio con unos auriculares y un “walkman”. ¿Quién tenía un “walkman” en el año 2006”? Él lo tenía. Siempre le gustó “fuchicar” con la electrónica, y le duraba todo mucho más. Era muy “manitas”, no como yo, que salí bastante manazas.

De todos esos momentos, recuerdo especialmente una conversación por teléfono cuando estaba en Londres, aprendiendo inglés. Ese verano recordábamos el 9º aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, y le decíamos al gobierno que no negociara con sus asesinos. Mientras en Madrid las manifestaciones eran multitudinarias. ¿Qué hacer? Él me dijo que un grupo de españoles había convocado para concentrarse ante la embajada en Londres. “Pero ni una palabra a mamá”. Allá me fui. Éramos cuatro gatos y aquello terminó con una curiosa anécdota con la policía inglesa “Papá, me han pedido la documentación y me han fichado por alborotador, pero no se lo digas a mamá”. La historieta se quedó en eso y nada más, pero sabía que podía tenía su complicidad siempre.

Era cómplice en todo. Aún recuerdo sus tablas sobre coches del juego V-Rally II. De él también me viene la afición a los videojuegos. Era un experto, trasteaba con suspensiones, neumáticos, caja de cambios. Le apasionaba. Igual que con el Scalextric. No conozco a nadie que tuviera tanta pasión por esos coches. Los pintaba, remodelaba, cambiaba las piezas. Mantenía las pistas limpias, creaba circuitos imposibles (toda la casa con pistas), nos tenía siempre entretenidos.

Hay muchas historias más. Este 15 de julio habrán pasado diez años desde que se fue, desde que se truncaron las historias, las anécdotas, los recuerdos. Ahora, solo nos queda recordarle, atesorar sus vivencias, su legado. Dicen que nadie muere del todo mientras quede una sola persona que le recuerde y hable  de él. Por eso, quiero recordarle. Para que siga entre nosotros.

Antonio Meirás Núñez, hijo de Antonio y Candelaria, marido de Lolis, y padre de Pepe, Charo y un servidor. Comandante de Intendencia de la Armada Española.

In memoriam. 15-07-2007 – 15/07/2017

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